Inés Ballesteros - Psicóloga en Tenerife

La rabieta infantil: cuando una emoción se manifiesta en forma de estallido porque no ha encontrado un espacio en el que ser expresada, ser reconocida y atendida, pero no olvidemos que las emociones nos garantizan la supervivencia.

La semana pasada me invitaron a participar en una entrevista en la Televisión Canaria , para aportar herramientas en el manejo de las rabietas infantiles. Lejos de dar pautas concretas a modo de varitas mágicas compartí ¿qué son las rabietas?, ¿qué hay detrás de ellas?, ya que sólo entendiendo estas puntos podremos afrontarlas sanamente.

3, 2, 1… ¡BOOM!

Muchos consideran que las rabietas llegan sin previo aviso, que son un capricho, una falta de educación,una» mimosería», una «puesta a prueba«, pues me gustaría aportar una visión diferente.

Rabieta infantilLas rabietas son necesarias, es más son positivas, aunque en ellas se nos vaya la vida, se nos encoja el estomago y nos den ganas de hacer algo de lo que arrepentirnos después, miedo me dan los niños que no muestran su malestar o lo hacen desde la retirada. Una rabieta nos habla de expresión emocional, reconocimiento de la necesidad, de la carencia, de la sensación…, es un síntoma de mente crítica y en desarrollo, de existencia de motivación interna, de defensa por la propia vida.

La rabieta  está cargada de información:  «no puedo más», «estoy incómodo», «necesito…», recordemos que durante nuestro desarrollo como futuros adultos atravesamos muchos periodos evolutivos en los que se ponen de manifiesto las carencias con las que contamos atendiendo a la corta edad. No disponemos de un lenguaje rico en contenido para expresar con precisión lo que nos pasa, no disponemos de un sistema motor que nos garantice autonomía para auto-satisfacer las  necesidades, no conocemos el entorno…, muchas son las limitaciones a las que hacer frente. Una rabieta es la manifestación álgida de un enfado, un sentimiento, una necesidad que no ha sido atendida, pero sobre todo es una etiqueta que hemos puesto los adultos a algo que pasa.

Estar sujetos a tantas limitaciones nos hace dependientes de los adultos, necesitamos su mirada para sentir seguridad, su contacto para sentirnos protegidos, su afecto para sentirnos queridos y así sucesivamente ¿cómo este estado de dependencia no va a generar estallido de ira, rabia, frustración…, cuando no son atendidas de manera inmediata las demandas?, simplemente hay que vernos de adultos cuando nos ponemos enfermos lo impertinentes que somos ante la necesidad de pedir «ser ayudados», ahí lo dejo.

Y pensaran,»que sencillo lo pone Inés, como es positivo pues nada a asumir que se tire al suelo, que me grite, que me insulte, que me muerda…total es positivo«…no se trata de eso.

Como adultos nos toca acompañar en la infancia a manejar y gestionar las emociones de manera sana con uno y con los demás. Somos un modelo del que aprender (padres, madres, educadores, etc.), y entender que hay detrás de una rabieta nos da la clave para ayudar.

Ayudar a reconocer lo que está pasando mediante el lenguaje a través de preguntas, poner nombre a lo que sucede, validar que la emoción o la carencia son reales y proporcionar alternativas ayuda en ese acompañamiento.La mejor manera de que sea eficaz en los momentos más álgidos en hacerlo cada día, integrar esta manera de educar en cada oportunidad que tengamos de hacerlo.

Calla que todo el mundo mira…

Cuando de niña escuchaba esta frase, al menos yo, sentía que en breve un «cachetón» vendría hacía mí, un pellizco, un tirón del brazo, una mirada asesina…pero ya era tarde para controlar aquel volcán emocional que se apoderaba de mi cuerpo y me incitaba a subir más y más.

planetY es que…, las rabietas nos ponen en entredicho, en tela de juicio, nos sentimos cuestionados, juzgados, incriminados y etiquetados como «malos…» si no somos capaces de resolver estas situaciones en un tiempo determinado, con unas formas determinadas y así obtener un reconocimiento social. Y así vamos…, queriendo que «ese ser de apenas dos años» deje de patalear por estar frustrado y se comporte de manera civilizada, para que YO, el adulto deje de sentirme también frustrado ¿paradójico no?.

Tan importante como reconocer lo que hay detrás de una rabieta es entender que nos pasa cuando tenemos que afrontarlas, ¿qué emociones se mueven?, ¿como me siento?, ¿cómo gestiono lo que está ocurriendo?…quizás si nos paramos en esto cuando todo parece que se va a desmadrar nos ayude a relativizar lo que ocurre. Reconocer mis sentimiento de impotencia, sufrimiento, rabia, etc., no sólo a mi sino al niño/a que patalea, abre puertas de comunicación y espacios de entendimiento.

Sin embargo si ante su pataleo, me retiro,le retiro el afecto, la comprensión y el apoyo, estaremos dando a entender que dichas emociones no son válidas, que han de esconderse, anularse, disimularse para ser «tenido en cuenta», generando por tanto adultos reprimidos, contenidos, desconectados emocionalmente por temor a ser abandonados.

Las rabietas a pesar de todo lo que he comentado, son «cansinas», «agotadoras», «incómodas»…, pero son necesarias para aprender, para crecer, para descubrir,y hay que entender que  en la conformación de la identidad de cada individuo tienen un razón de ser y estar.

Si tienen más curiosidad sobre el tema, o se han generado dudas no dejen de comentarlo.

 

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