Inés Ballesteros - Psicóloga en Tenerife

Salir de la depresión con ayuda de un psicólogo/a es una experiencia que quien la vive es quién mejor la puede transmitir. Después de llevar años como psicóloga con diferentes colectivos, la conclusión a la que llego es que la experiencia de quién ha vivido un proceso terapéutico es la mejor manera de ayudar a entender a quienes padecen ansiedad, angustia, depresión, crisis existencial… que pueden conseguir acudiendo a terapia.

En este post quiero compartir el trabajo de una paciente tras 8 meses de terapia, un trabajo lleno de compromiso y esfuerzo, altos y bajos que según ella misma refiere, le ha ayudado a ser feliz. y a dejar de auto agredirse.

No tengo mejores palabras que las que ella utiliza en una carta que escribe como cierre de su proceso, que se dedica a ella misma para despedirse de «la mujer invisible» que pidió ayuda y se ha convertida e «la mujer que quiere ser».

Quién era ella.

La primera vez que la vi se sentó en la consulta con la mirada baja, los hombros encogidos hacia delante y un hilo de voz que entre cortado intentaba explicarme el motivo de acudir al psicólogo. Su pulso era tembloroso y su respiración entrecortada, silenciosa corta, casi como si no respirara. Llegó deprimida, vacía, triste y angustiada.

Continuamente se disculpaba mientras hablaba, pedía perdón por lo que decía como si sintiera que todo lo que hablaba o hacía fuera un error en si mismo, se atropellaban en sus palabras la necesidad del desahogo y la culpa de ser quién era, solo puedo decir que era conmovedor, tierno y doloroso.

Se que hizo un esfuerzo grandioso por venir a cada sesión, por confiar a pesar de que el trabajo no solo consistía en hablar, trabajamos el cuerpo, las emociones, los recuerdos, el pasado y el presente. Usamos la palabra, la música, el dibujo, el silencio…ella se dejó ayudar y ese fue el gran logro, un logro que más allá de confiar en mi le permitió confiar en ella.

Esa imagen frágil poco a poco fue dando paso a una mujer bella por dentro y por fuera, consciente poco a poco de sus derechos, de sus libertades, posicionándose, permitiéndose mirar al frente, hablar con toda la voz, respirar para llenarse de vida, y cobrando fuerza a medida que valida quién ella realmente era.

El cambio no fue algo mágico ni esotérico, fue puro esfuerzo voluntario, compromiso y responsabilidad hacía su vida.

 

Hola mujer invisible:

Con su permiso reproduzco las partes más significativas de la carta, deseando tanto ella como yo que les sean de utilidad.

«Hola mujer invisible, quería decirte como estoy en este momento de mi vida ya que nunca pensé que podría hacer lo que estoy viviendo.Mujer invisible

Me parece imposible que los miedos que tenía de salir sola a la calle, de hacer cosas sin compañía hayan desaparecido. Antes caminaba con la cabeza agachada y la mirada baja, con temor a encontrarme con  gente conocida y que me preguntaran como estaba…sentía pánico y miedo a ser juzgada a que dijeran de mi «mírala sola con la edad que tiene…». Me había divorciado hacía años y aún así temía que la gente me preguntara y no entendiera ya que nunca conté como era realmente mi matrimonio.

Me volqué en mi hija, no la quería dejar sola para compensar que su padre estaba ausente de su vida, y de esa manera mis días los pasaba su  lado, y poco a poco me olvidé de mí. 

Tenía miedo a estar sola en casa, me sentaba en el sillón hasta que se hiciera de noche para poder acostarme y que pasara el día, levantarme al día siguiente, ir a trabajar y volver a casa y así día a día.»(…).

Adiós a la culpa, la vergüenza y los complejos.

«Hoy te digo, mujer invisible, que he guardado en una caja definitivamente todos esos miedos, preocupaciones, sentimientos de culpa de inferioridad, vergüenzas, complejos, y sentir que no soy nadie y si quedan algunos ya van despareciendo.

Adiós al miedo

Te cuento todo esto porque no quiero que vuelvas a vivir lo mismo ni tu ni nadie y sólo te digo que si te lo propones y te preocupas por ti serás capaz, a mi me constó tiempo admitirlo y sobre todo es eso admitir que necesitas ayuda.». (…).

 

 Tengo Derecho a Vivir.

» En el día de hoy me considero otra persona, me he dado cuenta que tengo derecho a vivir, a reír, a ser feliz, a tener amistades sin miedo a que digan que soy mala madre o mala hija. He aprendido a poner límites y a estar para los demás pero también para mí.

Otra cosa que te quiero decir es que he sido capaz de dedicarme tiempo entendiendo que las necesidades de los demás no tienen porque ser más importantes que las mías, ya que yo también soy persona y necesito mis cuidados, ir a la peluquería, dar paseos, salir tomar algo y opinar sin miedo a meter la pata.

He superado el miedo mi ex marido, a que fuera a casa y tocara en la puerta. Ahora si toca no pasa nada ya se que decirle sin tartamudear y ni que se me descomponga el estómago.

Adiós me fui a ser feliz…

Feliz

 

«Bueno mujer invisible, solo decirte que la vida es muy bonita y que por supuesto hay muchos obstáculos pero con ganas y pensando en positivo se sale adelante y con ayuda de las personas que quieren ayudarte.

Me siento con muchas ganas de vivir y luchar para estar bien y ahora mismo estoy FELIZ y voy a continuar así.

Solo te puedo decir una cosa mujer invisible, ¡ADIÓS ME FUI A SER FELIZ!»

 

 

Poco puedo aportar más allá de sus palabras, ha sido una satisfacción enorme acompañar a la mujer invisible, caminar con ella y aunque duro, dejarla partir…

 

Las dos esperamos que este post les ayude, no duden en hacer cualquier aportación o sugerir nuevos posts.

 

Gracias.

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